Actualmente, en la era digital, las redes sociales han adoptado un papel fundamental en la comunicación y en la construcción de la identidad tanto individual como colectiva. Redes sociales como Instagram, Twitter (ahora X) y TikTok han transformado la forma en la que las personas interactúan con la información, el entretenimiento y, especialmente, con los estándares de belleza. Sin embargo, además de tener gran cantidad de beneficios, también presentan ciertos perjuicios, como la posible relación con el desarrollo de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA), tales como la anorexia, la bulimia o el trastorno por atracón.
El contenido que se genera en estas redes sociales influye de manera significativa en las percepciones y en el comportamiento de los usuarios que las consumen, tanto de forma consciente como inconsciente. Según el estudio de Perloff (2014), la exposición constante a imágenes idealizadas en redes sociales puede aumentar la insatisfacción corporal, especialmente en adolescentes y jóvenes adultos, que son quienes conforman mayoritariamente estas plataformas digitales. Por ello, con este trabajo se pretende analizar cómo este ecosistema digital incentiva, de manera consciente e inconsciente, el aumento de prácticas o discursos que fomentan la aparición o el desarrollo de estos tipos de trastornos.
Uno de los aspectos a destacar es el estudio del algoritmo y cómo este realiza una personalización del contenido, dando voz a ese tipo de discursos. Existen investigaciones que señalan que las redes sociales no solo muestran contenido basado en los intereses de los usuarios, sino que también pueden generar un efecto de “cámara de eco”, en el cual los usuarios encuentran sus opiniones reflejadas constantemente, lo que refuerza su sistema de creencias individuales (Cinelli et al., 2021). Aplicado esto a los TCA, puede significar que un usuario que interactúa con publicaciones de dietas extremas o cuerpos normativos reciba de forma recurrente contenido similar, reforzando de esta manera patrones poco saludables.
Hablando concretamente de Instagram, el crecimiento de influencers y modelos que promueven estándares de belleza inalcanzables ha sido objeto de crítica por el impacto que generan en la autoestima y la imagen corporal de los jóvenes (Fardouly et al., 2015). De igual manera, TikTok ha sido señalada por la facilidad con la que ciertos retos o trends promueven comportamientos relacionados con restricciones alimenticias, mientras que Twitter (X) permite una rápida difusión de discursos tanto positivos como negativos en relación con los TCA, siendo este un espacio donde los usuarios pueden reforzar conductas poco saludables a través de comunidades específicas.
Por ende, este estudio se justifica en la necesidad de comprender el impacto de las estrategias de contenido en redes sociales sobre la salud mental de los usuarios, concretamente en lo referente a la conducta alimentaria. Al analizar estas tres redes sociales, se pretende ofrecer una visión crítica sobre cómo estas plataformas pueden incentivar el desarrollo de estos trastornos. Asimismo, se busca aportar recomendaciones para que las marcas, influencers y plataformas adopten prácticas más responsables en la gestión de su comunicación digital.
Tras el análisis realizado a lo largo del trabajo, se ha explorado en profundidad la relación entre las redes sociales, concretamente Instagram, TikTok y X (Twitter), y los trastornos de la conducta alimentaria (TCA), analizando cómo los mecanismos algorítmicos, las prácticas estéticas y los discursos digitalizados influyen en la construcción de la imagen corporal y en el desarrollo de conductas alimentarias de riesgo.
A través del marco teórico, se ha definido la complejidad de los TCA, identificando los distintos tipos, factores de riesgo y el papel que desempeñan tanto los medios de comunicación tradicionales como las nuevas plataformas digitales en la percepción corporal. El análisis de cada red social ha evidenciado que no solo se utilizan como espacios de socialización, sino también como entornos donde se reproducen y glorifican contenidos vinculados a la delgadez extrema, el control alimentario y la perfección física.
La normalización de conductas disfuncionales bajo discursos de salud o bienestar, el refuerzo algorítmico de contenidos perjudiciales, la influencia estética de los filtros y la representación social del cuerpo y la alimentación —especialmente en TikTok, con contenidos como What I Eat in a Day—, han sido algunos de los ejes centrales que articulan las dinámicas de presión estética y validación externa en estos entornos digitales.
En relación con el objetivo de la investigación, los resultados obtenidos demuestran que los tres factores analizados (algoritmos, contenido promovido e impacto en los usuarios) inciden de manera significativa en la percepción corporal y en la incentivación de conductas de riesgo asociadas a los TCA. Asimismo, se valida la hipótesis de partida, al constatar que la exposición habitual a publicaciones con estándares de belleza poco realistas y mensajes sobre control del peso se vincula con un mayor riesgo de desarrollar o mantener conductas relacionadas con la anorexia, la bulimia o el trastorno por atracón.
Por todo ello, los hallazgos de esta investigación plantean la necesidad de promover una comunicación digital más ética y saludable, fomentando la creación de contenidos responsables y la educación mediática entre los usuarios más vulnerables. Además, se abren futuras líneas de investigación orientadas al desarrollo de herramientas preventivas y formativas que contribuyan a transformar el contexto de los TCA en las redes sociales.